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Las relaciones amorosas sanas. Características

Las relaciones amorosas sanas. Características

En todas las relaciones amorosas se viven momentos positivos y negativos. Sin embargo, es muy importante que éstos últimos no superen a los primeros. Por ello, es necesario tener claro cuándo una relación amorosa es sana y cuándo es destructiva y abusiva.

Para que una pareja sea “sana”, debe existir un respeto por la individualidad y la forma de ser de cada uno, disfrutando de la compañía y apoyándose el uno al otro. Una relación no debe suponer la supresión de deseos, intereses o de la personalidad, tanto propia como de la pareja.

Características de una relación sana

  1. Sentirse a gusto cuando se hacen cosas en pareja. No imponer nuestros deseos o dejar que la otra persona haga lo propio con los suyos. Debe poderse llegar a acuerdos respetuosos.
  2. Hacer actividades por separado, manteniendo el propio espacio, a la vez que se comparten aficiones, amistades y familia si así se desea.
  3. Comportarse frente a la otra persona tal y como es uno mismo/a, sin necesidad de aparentar.
  4. La pareja debe gustar tal y como es, no hay que tratar de cambiarla. La aceptamos y amamos con sus cualidades y defectos.
  5. Las opiniones de los dos son igual de importantes, aunque sean distintas. Ambos miembros tienen el mismo valor.
  6. A la hora de discutir, hacerlo de forma sana, buscando soluciones satisfactorias a los desacuerdos. La comunicación debe ser respetuosa.
  7. No debe utilizarse la agresión, amenazas, chantajes o imposiciones.
  8. Debe existir confianza y honestidad mutua.
  9. Ambas partes tienen el derecho de terminar la relación en cualquier momento sin ser violentados por la otra parte.

 

Técnicas de modificación de conducta: el truco para gestionar la crianza de nuestr@s hij@s.

El condicionamiento operante es un método de enseñanza extraído del paradigma conductista de la psicología, el cual nos dice que según las consecuencias que sigan a nuestras conductas, aumentará o disminuirá la probabilidad de que estas mismas conductas se vuelvan a repetir.

En caso de querer aumentar la probabilidad de que vuelva a suceder una conducta, utilizaremos los llamados “refuerzos”. Si por el contrario, lo que queremos es que esa probabilidad disminuya, haremos uso de “castigos”.

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